miércoles, 29 de octubre de 2014

141029_Hans-Georg Gadamer_The Relevance of the Beautiful and other Essay (1987) (fragmento)

Fragmento encontrado en:

Gadamer, The Relevance of the Beautiful and other Essay, 45

Hans-Georg Gadamer (Marburgo, Alemania, 1900 - Heidelberg, 2002) 



En la experiencia artística debemos aprender a demorarnos en la obra de una manera especial; al hacerlo no hay lugar para el tedio; antes al contrario, cuanto más lo hacemos más despliega la obra sus múltiples riquezas sobre nosotros. La esencia de nuestra experiencia temporal del arte está en aprender cómo demorarse de este modo. Y quizá sea la única forma por la que podamos nosotros –seres finitos- relacionarnos con lo que llamamos eternidad.



miércoles, 15 de octubre de 2014

141015_Virginia Wolf_Las Olas (fragmento)

Fragmento encontrado en
Virginia Wolf, The Waves (Las Olas) /Nueva York: Harcourt Brace, 1978, págs 21-22.



Virginia Wolf 
(Londres, 25 de Enero de 1882 - Lewes, Suseex, 28 de Marzo de 1941)



           El significado se ha ido. El reloj hace tic tac. Las dos agujas son dos caravanas que atraviesan un desierto. Las barras negras sobre el cuadrante son oasis verdes. La aguja más larga ha marchado adelante para encontrar agua. La otra tropieza penosamente entre las piedras calcinantes del desierto. Ella perecerá en el desierto. La puerta de cocina golpea. Un perro errante ladra a lo lejos. ¡Mirad: el ojal de esta cifra comienza a llenarse de tiempo! Él contiene el mundo… pero yo quedo fuera de él. Acercando los dos extremos del ojal, los uno y completo la cifra. El mundo está completo y yo he quedado fuera de él. ¡Oh, salvadme! ¡No me dejéis caer para siempre fiera del ojal del tiempo!... 




(1931)


    

domingo, 5 de octubre de 2014

141005_Harold Schweizer_La impaciencia de Ulises (2008)

Texto encontrado en
LA ESPERA / Melodías de la duración
Harold Schweizer

© Ediciones sequitur, Madrid, 2010





La impaciencia de Ulises

Ulises espera con la expectación del escritor que se dispone a contra un relato. Otea el horizonte. “Cuando se espera algo, estamos totalmente presos a algo” 9, dice Han-Jost Frey, recordando las palabras de San Agustín. Lo que Ulises espera es la realización de su espera: regresar a su patria junto a su esposa. Sabe lo que su espera anhela, de ahí que tenga fuerzas para rechazar el ofrecimiento de Calipso. Pero esperar con expectación es, como explica Frey, “algo plenamente temporal… un estado de pérdida que se desea superar cuanto antes” 10, Al empezar la Odisea, la impaciencia de Ulises es patente: lleva siete años esperando. Esa impaciencia es también la del escritor; la impaciencia que, según Maurice Blanchot, alimenta la inspiración del escritor: “la impaciencia es el corazón de la profunda paciencia; la luz pura que la infinita paciencia acaba irradiando” 11. Cada mañana Ulises abandona la cueva de Calipso y se acerca a la playa, donde se sienta.

en la orilla. No se habían secado sus ojos del llanto, y su dulce vida se consumía añorando el regreso, puesto que ya no le agradaba la ninfa, aunque pasaba las noches por la fuerza en la cóncava cueva junto a la que lo amaba sin que él la amara. Durante el día se sentaba en las piedras de la orilla desgarrando su ánimo con lágrimas, gemidos y dolores, y miraba al estéril mar derramando lágrimas.

             Mirando el mar, oteando el horizonte como si la isla de Ítaca pudiera de repente aparecer por la sola fuerza de su impaciencia, Ulises espera algo, espera para algo. La inmortalidad prometida por Calipso habría eliminado ese algo. Esa promesa habría sustituido el asiento de piedras por la suave cama de Calipso, y ahí se habría quedado: sin memoria ni deseo, en la lánguida dulzura. Al rechazar la promesa, Ulises acude cada mañana a su asiento frente al mar, dando a su espera un marco simbólico, ajustado a su pesar: la roca, donde el tiempo es tormento. El tiempo es la roca sobre la que espera. La roca se convierte en el lugar simbólico de quien espera con impaciencia a que empiece su historia, la historia que pondrá remedio a su espera, que le pondrá fin. Y esto sólo será posible gracias a la intervención de los Dioses, para los cuales, como dice Vernant, “es un escándalo” ver a Ulises esperando 12. Quizá sea esto lo que los relatos deben lograr: transformar la infinitud del tiempo dándole proporción humana; darle a la espera un destino, darle algo. La muerte y el matrimonio son los principales tropos, la tragedia y la comedia, los principales géneros, por los que la espera suele llegar a su fin. Los relatos nos permiten creer que la espera tendrá remedio.
  
Notas:
9. Hans-Jost Frey, Interruptions, (Albany: SUNY Prees, 1996), 57.
10. Ibid., 57.



11. Maurice Blanchot, The Gaze of Orpheus and Other Literary Essays, (Barrytown, NY: Station Hill, 1981), 104.


12. Vernant, “Odysseus in Person”, 26. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

140929_Constantino Cavafis_Itaca

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña


Constantino Cavafis (29 de Abril de 1863 - 29 de Abril de 1933)



Itaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.


Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.



Ulises, atado al mástil, escucha el canto de las sirenas (Cerámica griega)


miércoles, 17 de septiembre de 2014

140917_Benjamín Vicuña Mackenna_Miguel José Cambiazo (fragmento)

Texto encontrado en:
Miguel José Cambiazo / La Quintrala y otros malos de adentro 
Benjamín Vicuña Mackenna.
© Ediciones Universidad Diego Portales, 2013.
Colección Vidas Ajenas.
Pág 120-121

 Benjamín Vicuña Mackenna
(Santiago, 25 de Agosto de 1831 _ Santa Rosa de Colmo, 25 de Enero de 1886)


Pág 120-121

Miguel José Cambiazo

(…) Su engaño estuvo en la intensidad del movimiento que se proponía despertar en la voluble mente de sus camaradas.

            Es, en efecto, una observación profunda y antigua, que ya hemos trazado alguna vez, que la pasión que más vivamente engendra la topografía, el clima y la constitución física de Chile en el ánimo de sus hijos es cierto apego selvático, entusiasta, indestructible al terruño en que han visto la luz y en cuya ocupación durante la vida, después de las vendimias, cifran su mayor ventura todos los humildes de la tierra, es decir, los nueve décimos de su población. El chileno no es, en efecto, migratorio ni transhumante: es simplemente andariego. Deja su cortijo para ir a otro cortijo. Aléjase de la era de trigo para pasar a otra era  en la vecina estancia. Sale de una boca-mina para descender al fondo de otra mina; pero es sólo para volver, como muchas de las aves de su clima, por la Pascua Vecina, para el Corpus o el Dieciocho, que es el verdadero rodeo primaveral de todos los vagamundos y de todos los ausentes.

            El cobarde sicario iba todo entero dominado por la idea de su oro, y por esto fue que lo que buscaba en el horizonte era sólo la lejanía, es decir, la impunidad. Comprendiéndolo así casi en su totalidad los navegantes de La Florida, y por esto, en gran número, pidieron quedarse en la desierta colonia antes de doblar el Cabo de la Vírgenes en dirección de un mar para ellos desconocido y temeroso.

            Cuando una muchedumbre humana se convence de que ha elegido por caudillo a un ser más vil que ella, su disposición queda moralmente cumplida, y convertirla en hecho es simple cuestión de reloj y de meridiano.

            Fue precisamente lo que aconteció aquella noche. Desde ese instante, el abominable sátrapa de Magallanes estaba perdido, y en realidad, no era ya en la barca el jefe sino un miserable aunque disimulado prisionero.
            El 24 de febrero de 1852, después de un motín y de una matanza, la escuadrilla de Magallanes entraba al fondeadero de Valparaíso con la solemnidad y el silencio de un convoy de muerto.


            Aquellos buques eran, en verdad, los féretros de los amotinados de Magallanes que iban a morir ajusticiados.



Miguel José Cambiazo 
(Santiago, 1823 _ Valparaíso, 4 de abril de 1852


*sátrapa:
(Del lat. satrăpaeste del gr. σατράπης, y este del avéstico ẖšathrapāvan, protector del dominio).


1. m. Gobernador de una provincia de la antigua Persia.

2. m. coloq. Hombre sagaz, que sabe gobernarse con astucia e inteligencia, o que gobierna despóticamente. U. t. c. adj.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

140910_Henri Bergson_La Risa (1899) (fragmento)

Fragmento encontrado en
Henri Bergson
La Risa / Ensayo sobre la significación de lo cómico.
Traductor: Ma Luisa Pérez Torres
© 1940 Presses Universitaires de France
© Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2008




Pág 94.



(…) Mas no hay estanque que no tenga hojas secas flotando en su superficie; ni hay alma humana en la que no se posen hábitos que la tornen rígida contra sí misma al volverla rígida contra las demás; ni hay, en suma, lenguaje lo bastante flexible, lo suficientemente vivo y lo bastante presente todo él en cada una de sus partes para eliminar lo eternamente hecho y para resistir también a las operaciones mecánicas de inversión, de transposición, etc., que se quisieran ejecutar sobre él como sobre una simple cosa. Lo rígido, lo eternamente hecho, lo mecánico, oponiéndose a lo flexible, a lo que continuamente cambia, a lo viviente; la distracción oponiéndose a la atención; en suma, el automatismo oponiéndose a la actividad libre, todo eso es lo que la risa subraya y quisiera corregir. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

140908_Jean Luc-Nancy_Pensamiento

Jean-Luc Nancy
Corpus
Pág 30-31
© ARENA LIBROS S.L. 2003
Traducción: Patricio Bulnes


Pensamiento

En el pensamiento del cuerpo, el cuerpo fuerza al pensamiento a ir siempre más lejos, siempre demasiado lejos: demasiado lejos para que aún sea pensamiento, pero nunca lo bastante lejos para que sea cuerpo.

De ahí que no tenga sentido hablar de cuerpo y de pensamiento separadamente uno del otro, como si pudiesen ser subsistentes cada uno por sí mismo: no son otra cosa que su tocarse el uno con el otro, el tacto de la fractura de uno por el otro, de uno en otro. Ese toque es el límite, el espaciamiento de la existencia. Sin embargo, tiene un nombre, se llama “alegría” y “dolor” o “pena”. Este nombre no significa, sin duda, otra cosa que el límite de toda significación – y el borde mismo, el arranque de espaciamiento. No significa nada, expone la combinatoria de estos cuatro términos: cuerpo-pensamiento-alegría-pena. Todas sus figuras tocan la misma distancia que separa y distribuye a los cuatro.

Hay además un nombre de la combinatoria, o de la distribución: “sexo”. No es el nombre de algo cualquiera que sería expuesto: es el nombre de tocar la exposición misma.

“Sexo” toca lo intocable. Es el nombre estrella del cuerpo, el nombre que sólo nombra espaciando primeramente los cuerpos según los brillos de esta estesia suplementaria: los sexos. Estos mismos sexos no se los puede enumerar ni nombrar. Aquí “dos” no es otra cosa que el índice de una separación polimorfa. “Mi” sexo no es uno de una parte a otra, es un contacto discreto, aleatorio, sobrevenido tanto de unas como de otras zonas de “mi” cuerpo –mi cuerpo volviéndose otro al tocarse ahí, al ser tocado ahí, volviéndose por tanto el mismo, más absoluto, más atrincherado que nunca, más identificado en tanto que ser-lugar del tocar (de la extensión). De sin falo a (a)céfalo, un cuerpo escaparate igual, plural, por zonas, sombreado, tocado. No se le denominará ni “mujer” ni “hombre”: estos nombres, aunque valgamos de ellos, nos dejan demasiado entre fantasmas y funciones, precisamente ahí donde no se trata ni de unos ni de otros. Más vale entonces decir: un cuerpo indistinto/distinto, indiscreto/discreto, es el cuerpo-estrella sexuado que se desliza de un cuerpo a otro hasta la intimidad, clamorosa en efecto, del límite donde  tocan su separación.

                Se siguen algunas consecuencias: la ley del menor contacto o del guiño de ojos como intensidad máxima de goce; la ley de la mayor superficialidad, aquella en la que el cuerpo vale absolutamente como piel, sin siquiera espesor alguno de órgano ni de penetración (los cuerpos sexuados son invulnerables, son eternos); la ley, conexa, según la cual no hay sexo (a menos que se excluyan operaciones ultimadas de laboratorio) sin un mínimo de amor, aunque sea infinitesimal (y negado de buen grado), ni amor sin sexo, aunque sea imperceptible; en fin, el sexo como ley, este imperativo tocar, del besar, del cual ni empuje de la especie, ni siquiera la “libido” dan razón. Porque este imperativo no apunta a ningún objeto, ni grande, ni pequeño, ni sí mismo, ni niño, sino solamente la alegría/la pena de un tocar-se. (O mejor aún: un quedarse-en-sí mismo, o llegar a ser-sí mismo sin volver a sí mismo. Gozar es en corazón de la dialéctica una diástole sin sístole: ese corazón es el cuerpo.)

Tocarse tú (y no “uno mismo”) – o aún más, idénticamente, tocarse piel (y no “uno mismo”): tal es el pensamiento que el cuerpo fuerza siempre más lejos, siempre demasiado lejos. En verdad, el pensamiento mismo es quien se fuerza ahí, quien ahí se disloca: porque todo el peso, toda la gravedad del pensamiento –que es él mismo un pasaje – no tiene como fin otra cosa que el consentir a los cuerpos. (Consentimiento exasperado.)



* estesia
 1. capacidad de percepción. 2. sensibilidad o sentir. 3. cualquier trastorno del sistema nervioso que afecta a la percepción o sensibilidad. 
(foto: http://www.laescueladelosdomingos.com/2012/09/las-manos-del-cine.html)